Pizarro conquistó El imperio inca?

 
Pizarro 


El caso de Francisco Pizarro e incluso de sus hermanos (Hernando, Gonzalo y Juan) sigue el mismo patrón historiográfico: la figura legendaria del porquerizo extremeño que, al mando de apenas 168 españoles y 37 caballos, capturó al Sapa Inca Atahualpa en Cajamarca en 1532 y conquistó el Tawantinsuyu (el Imperio Incaico).

​Sin embargo, el colapso del Imperio Inca no fue una gesta puramente militar española. Pizarro se convirtió en la cabeza visible de un proceso militar y social cuyos verdaderos motores bélicos y logísticos fueron las naciones andinas sometidas por los incas, la faccionamiento dinástico incaico y el desastre epidemiológico.

​1. Los verdaderos ejércitos de la conquista andina

​Cuando Pizarro desembarcó en el Perú, el Tawantinsuyu no era un bloque homogéneo. Estaba compuesto por más de un centenar de etnias conquistadas recientemente por los cusqueños, muchas de las cuales guardaban un profundo resentimiento hacia el dominio imperial.

​Los verdaderos artífices en el campo de batalla fueron:

  • ​La nación Huanca (El motor decisivo): Los huancas, asentados en el fértil valle del Mantaro (actual región de Junín), se aliaron masivamente con Francisco Pizarro. Aportaron miles de guerreros de élite, provisiones (registradas minuciosamente en quipus que décadas después mostraron en los tribunales de la Corona) y sirvieron de guías y zapadores. En el Sitio de Lima (1536), cuando las tropas del general inca Manco Inca cercaron a los españoles, fueron los guerreros huancas quienes rompieron el cerco y salvaron a Pizarro de la aniquilación.
  • ​Cañaris y Chachapoyas: Pueblos guerreros de las regiones del norte (actual Ecuador y selva alta del Perú) que habían sido duramente reprimidos por Huayna Cápac y Atahualpa. Se integraron como vanguardia en las tropas castellanas y combatieron fanáticamente contra las fuerzas leales a Atahualpa y, posteriormente, contra las tropas de Manco Inca.
  • ​La facción cusqueña (Huascaristas): Pizarro explotó magistralmente la sangrienta guerra civil entre los hermanos Huáscar y Atahualpa. Al llegar, Pizarro se presentó como el vengador de Huáscar y el restaurador del orden tradicional cusqueño, logrando que la nobleza inca de la facción huascarista (encabezada al inicio por Manco Inca antes de su rebelión, y por Manco Cápac / Túpac Hualpa) le abriera las puertas del Cusco y luchara a su lado contra los generales atahualpistas como Quisquis y Calcuchímac.

​2. Factores invisibles: La viruela y la fractura previa

​Años antes de que Pizarro pisara Cajamarca, las enfermedades europeas ya habían llegado al Perú desde Centroamérica. La viruela mató al Sapa Inca Huayna Cápac y a su heredero designado Ninan Cuyochi alrededor de 1527.

​Esta doble muerte sin una sucesión clara desató la devastadora guerra civil entre Atahualpa y Huáscar, desestructurando el aparato militar, económico y sociopolítico del imperio. Pizarro no se enfrentó a un imperio en la cumbre de su poder, sino a una civilización desangrada y traumatizada por una epidemia y una contienda fratricida.

​3. Los mediadores e intérpretes claves

​Al igual que en México, la interacción política requirió de puentes de comunicación. Intérpretes indígenas como Felipillo (de la etnia tallán) o Martinillo no solo traducían palabras, sino que filtraban la información geopolítica, informaban a Pizarro sobre los movimientos de los ejércitos incas y moldeaban las alianzas iniciales con los curacas regionales.

​4. ¿Por qué se le atribuyó toda la fama a Pizarro?

  1. ​El impacto dramático de Cajamarca: La emboscada de Cajamarca y la captura de Atahualpa en un solo día (16 de noviembre de 1532) fue un acontecimiento tan teatral e insólito que encandiló las crónicas europeas, opacando las décadas de sangrientas guerras interétnicas que siguieron para consolidar el control sobre el territorio.
  2. ​Las Probanzas de Mérito y los memoriales de servicios: Pizarro y sus capitanes redactaron detallados informes para el rey Carlos I exigiendo marcasados, encomiendas y gobernaciones (como la Gobernación de Nueva Castilla). En estos documentos, la ayuda de los curacas (líderes indígenas) se reducía a un mero papel secundario de "servidores" o "indios amigos", ocultando que eran verdaderos ejércitos aliados con agendas políticas propias.
  3. ​El ocultamiento de los Quipus de los Huancas: Décadas después de la conquista, los curacas huancas (como Felipe Guacrapaucar) presentaron litigios ante la Real Audiencia y la Corona española mostrando sus quipus contables para exigir las exenciones tributarias y mercedes que Pizarro les había prometido a cambio de ganar la guerra. Aunque la Corona reconoció en parte sus aportes, la historia oficial escrita en Europa ya había inmortalizado la leyenda de los "168 hidalgos que conquistaron el Perú".

​En conclusión, Francisco Pizarro fue un hábil manipulador de la política andina y un líder militar audaz, pero la caída del Imperio Inca fue en realidad una revolución e insurgencia de las etnias regionales y de la facción cusqueña vencida, que utilizaron a los españoles como instrumento estratégico para derrocar al régimen atahualpista, sin prever que el resultado final sería la implantación del dominio colonial español sobre todos ellos.

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