La modélica transición
Adolfo Suárez |
La idea de la Transición española como un proceso modélico, pacífico y modélico para otros países (el denominado «mito de la Transición») ha sido objeto de una intensa revisión histórica y política en las últimas décadas.
Hoy existe un amplio consenso entre historiadores en que no fue un proceso ni tan modélico ni tan pacífico, sino un periodo complejo caracterizado por transacciones políticas, una elevada violencia e importantes renuncias.
Los argumentos de la visión «Modélica»
Quienes defienden el carácter ejemplar del proceso destacan logros institucionales clave en un contexto internacional difícil:
- Paso de la dictadura a la democracia «de la ley a la ley»: Se desmanteló el régimen franquista desde sus propias instituciones a través de la Ley para la Reforma Política (1976), evitando un colapso institucional violento o una revolución.
- Consenso y reconciliación: Fuerzas políticas antagónicas (desde el franquismo reformista de Adolfo Suárez hasta el Partido Comunista de España de Santiago Carrillo) cedieron en sus posturas maximalistas para pactar las reglas del juego.
- Éxito constitucional y estabilidad: La redacción de la Constitución de 1978 y los Pactos de la Moncloa lograron asentar un sistema democrático duradero, integrar a la España autonómica e incorporar al país a la Comunidad Económica Europea.
Las críticas y los «puntos ciegos» del proceso
La historiografía contemporánea señala varios factores que matizan radicalmente la narrativa de la «Transición modélica»:
1. Elevada violencia política
La Transición estuvo lejos de ser pacífica. Entre 1975 y 1983 se registraron más de 500 muertes por violencia política:
- Terrorismo de extrema izquierda e independentista: Especialmente sangriento por parte de ETA, pero también de los GRAPO.
- Violencia de extrema derecha y tramas parapoliciales: Atentados como la Matanza de Atocha (1977) o los asesinatos cometidos por el Batallón Vasco Español y la Guerrilla de Cristo Rey.
- Represión policial: La desmedida actuación de las Fuerzas de Seguridad del Estado ante protestas y huelgas provocó numerosos muertos (ej. los Sucesos de Vitoria en 1976 o la Semana Negra de Madrid en 1977).
2. La Ley de Amnistía de 1977 y el «pacto del olvido»
Aunque permitió la excarcelación de los presos políticos de la dictadura, la Ley de Amnistía garantizó también la impunidad de las violaciones de derechos humanos cometidas por los aparatos del Estado franquista. Esto dejó sin juzgar los crímenes de la dictadura y derivó en una política de memoria histórica pendiente durante décadas.
3. Continuidad de las estructuras de poder
A diferencia de otros procesos de democratización, en España no se produjo una depuración de las instituciones del Estado:
- Poder judicial, policía y ejército: Mantuvieron en gran medida las mismas plantillas y mandos que operaron durante el franquismo.
- Poder económico: Las élites empresariales y financieras consolidadas durante la dictadura mantuvieron su hegemonía.
La Transición fue más bien una salida pragmática y posibilista condicionada por el equilibrio de debilidades: la oposición democrática no tenía la fuerza suficiente para derribar al régimen ni la dictadura la capacidad para continuar tras la muerte de Franco. Más que un modelo perfecto, fue un pacto de mínimos condicionado por el miedo a la repetición de un conflicto civil y la constante amenaza de involución militar.
Comentarios
Publicar un comentario