Sor Patrocinio

Retrato fotográfico de Sor Patrocinio, por Juan Laurent

 Sor Patrocinio, conocida también como la Monja de las Llagas y cuyo nombre de bautismo era María Josefa de los Dolores Anastasia de Quiroga Capopardo (San Clemente, Cuenca, 27 de abril de 1811-Guadalajara (España), 27 de enero de 1891) fue una monja española de la Orden de la Inmaculada Concepción, de gran fama en la vida social y política española durante la segunda mitad del siglo XIX, debido a la influencia que ejerció sobre la reina Isabel II y su esposo Francisco de Asís de Borbón.

A partir de 1830 afirma experimentar varias visiones místicas, quedando muchas de estas experiencias reflejadas en su cuerpo. El jueves 20 de mayo del mencionado año, día de la Ascensión, se le encuentran llagas en pies y manos, así como las de la corona de espinas. En el siguiente mes, el 8 de junio, dos días antes de la celebración del Corpus Christi, Sor Patrocinio quedó en éxtasis y cuenta que le habló el Santísimo Cristo de la Palabra, desde un lienzo casi olvidado que colgaba en la pared. El 13 de agosto de 1830, afirma que se le apareció la Virgen María bajo la advocación "del Olvido, Triunfo y Misericordias", de la que la monja recibió, según ella, una imagen que llevaría consigo el resto de su vida.

Fuente: Wikipedia

¿ Está cientificamente probado el caso de las llagas?

No, desde el punto de vista de la ciencia médica moderna y de la investigación histórica contrastada, el caso de las llagas de Sor Patrocinio no está científicamente probado como un fenómeno sobrenatural.

Al contrario, las evidencias documentales del proceso judicial que se conservan apuntan a que las heridas fueron provocadas de forma artificial.

1. El peritaje médico de 1835 (La prueba clave)

El momento en el que el caso de Sor Patrocinio se analizó bajo una lupa técnica y médica fue durante el juicio de 1835, impulsado por el Gobierno liberal. El tribunal ordenó que la monja fuera examinada por un equipo de peritos médicos de total confianza judicial, liderados por el prestigioso cirujano José Manuel Aruelo.

La conclusión de los médicos de la época fue tajante:

  • Uso de sustancias cáusticas: Los facultativos determinaron que las heridas de las manos, los pies y el costado no emanaban de forma espontánea ni inexplicable. Declararon que habían sido provocadas y mantenidas abiertas artificialmente mediante la aplicación de sustancias químicas irritantes (específicamente, una hierba llamada botón de fuego o algún tipo de ácido cáustico) y el uso de un punzón.

  • La curación bajo vigilancia: Para demostrarlo, los médicos le lavaron y vendaron las heridas con un sellado especial que ella no podía manipular. Tras pasar unos días aislada y bajo estricta observación médica, las llagas empezaron a cicatrizar y cerrarse por completo. En cuanto se le retiraba la vigilancia, las heridas volvían a aparecer abierta y sangrantes.

La confesión: Ante el peso de las pruebas del peritaje médico y el aislamiento, la propia Sor Patrocinio terminó firmando una declaración en la que admitía que las llagas eran simuladas y que todo había sido un engaño, aunque posteriormente sus defensores afirmaron que esa confesión fue obtenida bajo coacción y amenazas de muerte.

Si analizamos el caso desde la medicina y la psicología actuales, los fenómenos de estigmatización en el siglo XIX (un siglo especialmente propenso a este tipo de casos en toda Europa) se clasifican bajo dos grandes explicaciones científicas:

  • Etiología artificial (Autolesión): Es la explicación más directa en este caso. En entornos de clausura, con una enorme presión religiosa y un deseo profundo de alcanzar el estatus de santidad o influir en el entorno político/social, la autolesión con químicos era un método común. El hecho de que las llagas de Sor Patrocinio se curaran al ser vendadas y vigiladas por médicos es, científicamente, una prueba definitiva de manipulación externa.

  • Trastornos psicosomáticos o disociativos: En los pocos casos de estigmas de la historia donde se ha descartado el fraude burdo, la neuropsiquiatría moderna habla de cuadros severos de histeriformismo, trastornos disociativos o dermatosis psicógenas. El estrés místico extremo y el trance pueden provocar alteraciones en el sistema nervioso autónomo que generen fragilidad capilar o pequeñas hemorragias subcutáneas (púrpura psicógena), pero jamás agujeros limpios y sangrantes que atraviesen miembros, como se describía popularmente.

El contraargumento de sus defensores

Para ser justos con la crónica histórica, los partidarios de la monja y la propia Orden Concepcionista siempre han negado el fraude. Su argumento científico se basa en que, tras el juicio de 1835 y durante los siguientes 50 años de su vida, las llagas supuestamente volvieron a aparecer y fueron vistas por otros médicos, sacerdotes y la propia reina Isabel II, afirmando que emanaban un "olor celestial" (el llamado olor de santidad).

Sin embargo, estos testimonios posteriores se dieron siempre en entornos controlados por sus propios fieles o por la Corte (que estaba profundamente influenciada por ella), sin que se volviera a realizar jamás un examen médico forense e independiente como el de 1835. 

Fuente: Gemini 


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